Aleph
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Terapia intensiva.
En el mundo existen muchos pocos lugares llamados: “Terapia intensiva”.
Son lugares inhóspitos y fuera de este mundo. Son mundos distintos.
Uno entra y con cada paso que se da, se siente como si el cuerpo desapareciera y solo quedara el alma. Es decir, uno se siente fantasma.
Hay un silencio abrumador, que es resguardado por enfermeras blancas y pálidas como la nieve.
Ya dentro, uno ve a su alrededor y mira a cada uno de los pacientes recostados “pacientemente” en camas “imperiales”.
Pueden o no estar acompañados. Eso es cuestión de cómo uno se haya portado haya afuera.
Es conmovedor ver a una ancianita tomando la mano del esposo internado. O ver en otro cuarto a la hija prodiga regresando a la madre, llorando y moqueando como una pequeña.
Podría decirse con certeza, “que la terapia intensiva es un lugar creado para celebrar la vida”.
Por cierto, estas conmovedoras escenas se ven con poca frecuencia; más precisamente una vez cada dos o tres o cinco o diez horas, según sea el dictamen del medico en turno.
En fin, la terapia intensiva, es un lugar secreto y exclusivo que medio mundo ignora. A donde uno no espera llegar nunca en su vida.
Pero si el caso se diere, y uno llega convocado por Dios y el porvenir; entonces es ahí que uno se da cuenta, que no hay lugar en el mundo, más alegre y lleno de luz que la terapia intensiva.
Y es que ahí están los valientes, los osados que han de enfrentar a la muerte, por quedarse en la vida.
En esa pasividad hay algo de lucha. En ese silencio hay un grito que llama a los vivos. En esa soledad llena de tubos y aparatos hay signos de vida.
Hay algo de muerte y resurrección.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
"EL ANTÍDOTO"
De poco sirvieron las palabras de ánimo, aquel: “lo siento tanto” o el: “todo va a estar bien”
Fueron poco relevantes las estadías y los chocolates. Todo quedo convertido en nada, cuando en una noche común, te vi brillar como un sol.
Me dio una alegría enorme verte radiante y florida, llena de vida y de luz.
Y es que algo sabía, pero no sabía nada.
Algo sabía, algo había escuchado de aquel antídoto casero. Pero aun faltaba mucho por ver. Nunca había presenciado en persona (o en alma) el poder sanador de esa “pomadita de vida”.
Con una artimaña tan simple, con una sencillez tan inocente. La pomadita te hizo cambiar el semblante, de una manera tan radical pero a la vez tan pasiva.
Y es que algo sabía, pero hasta ayer no sabía nada.
Sabía de tu amor por él, sabía que por él dabas la vida. Pero lo que no sabía, lo que entendí hasta ayer es que: más allá de dar la vida, la vida misma te proviene de él. O lo que es lo mismo: él es tu vida.
Entre risas y gestos, entre amor y alegría. Algo de esa “pomadita de vida” se unto en tu corazón y curó las heridas.
Hasta ayer, estaba esperando tu despertar y tu renacer a la vida.
Queriéndote ver florecer, amanecer y todas esas cosas bonitas.
Quería verte distinta como por gracia, o cambiada como por magia. Y ayer te vi así, y no se si alguien más te habrá notado.
Al fin de cuentas, todos estábamos cambiados.
Y es que algo sabía, pero no sabía nada. No había experimentado esa cosa “rara” de untarme la “pomadita de vida” (bien untada) en tu tristeza, y en mi tristeza del corazón.
Fueron poco relevantes las estadías y los chocolates. Todo quedo convertido en nada, cuando en una noche común, te vi brillar como un sol.
Me dio una alegría enorme verte radiante y florida, llena de vida y de luz.
Y es que algo sabía, pero no sabía nada.
Algo sabía, algo había escuchado de aquel antídoto casero. Pero aun faltaba mucho por ver. Nunca había presenciado en persona (o en alma) el poder sanador de esa “pomadita de vida”.
Con una artimaña tan simple, con una sencillez tan inocente. La pomadita te hizo cambiar el semblante, de una manera tan radical pero a la vez tan pasiva.
Y es que algo sabía, pero hasta ayer no sabía nada.
Sabía de tu amor por él, sabía que por él dabas la vida. Pero lo que no sabía, lo que entendí hasta ayer es que: más allá de dar la vida, la vida misma te proviene de él. O lo que es lo mismo: él es tu vida.
Entre risas y gestos, entre amor y alegría. Algo de esa “pomadita de vida” se unto en tu corazón y curó las heridas.
Hasta ayer, estaba esperando tu despertar y tu renacer a la vida.
Queriéndote ver florecer, amanecer y todas esas cosas bonitas.
Quería verte distinta como por gracia, o cambiada como por magia. Y ayer te vi así, y no se si alguien más te habrá notado.
Al fin de cuentas, todos estábamos cambiados.
Y es que algo sabía, pero no sabía nada. No había experimentado esa cosa “rara” de untarme la “pomadita de vida” (bien untada) en tu tristeza, y en mi tristeza del corazón.
martes, 13 de enero de 2015
Al Unisonó.
¿Habrá lugar para una esperanza dentro de tu corazón?
Un lugar, donde mis errores y mi pasado
Puedan transformarse en la certeza que siento
Cuando vamos caminando juntos
Un lugar donde no nos preguntemos, ni sintamos
El duro peso de pensar que nos equivocamos.
Sin temor a herir, ni a hacernos daño.
Un lugar ideal
Un punto intermedio,
En el que yo me atreva a dejar el pasado
Y tú, no tengas miedo de escucharme decir
Que te quiero.
Quiero ese lugar contigo,
Y allí mismo detener el tiempo.
No quiero un “felices por siempre”
Solo quiero un momento
Detenerlo todo, y que no haya impedimentos,
Ni pasados tormentosos, ni planes para el invierno
Solo este momento, solo eso quiero.
A ti, al sol, al viento…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)